The Wildhearts + Diesel Dogs – Sala El Sol, Madrid – 16/10/2008
Por pointer, el 22 - 10 - 2008A finales de la década de los 80, el panorama musical británico estaba dominado por los sonidos y la estética de nuevos románticos (Spandau Ballet) y siniestros (The Cure). La escena rockera no había desaparecido, pero si que permanecía oculta sin la ayuda de la MTV, que conseguía elevar la “moderna” imagen de otros a la altura de dioses de la música mediante videoclips. Imágenes y música que hoy comprobamos que, en su mayoría, no han aguantado bien el paso del tiempo.
La aparición de los Quireboys y posteriormente los Wildhearts en Londres insufló un muy necesario aire fresco en los escenarios, con una sobredosis de actitud, en contraste con la indolencia reinante. Tenemos la suerte de poder disfrutar en apenas cinco días del directo de estas dos formaciones. The Quireboys aportan la elegancia, el macarreo y la provocación entendida como lo hacían los Stones 35 años antes. The Wildhearts (Cuyo alma mater, Ginger estuvo en las alineaciones iniciales de los anteriores) el empuje, los tatuajes y la velocidad.
Ninguna de las dos tuvo el éxito que se les vaticinaba, la explosión del grunge y un nuevo repunte del brit-pop les hizo quedarse en tierra de nadie (comercialmente hablando). Demasiado superficiales para los nuevos alternativos (que prefieren la metafísica a la fiesta) y muy duros para determinados oídos.
Con muchas ganas y derrochando rockerío, Diesel Dogs aprovecharon su media hora para mostrarnos su propuesta con aires del punk del 77 londinense (parecía que en cualquier momento arrancarían con god save the queen). Muchísimo mejor en vivo que en su disco High ‘n’ Wasted, que les quedó demasiado plano, destacaron temas como Rotten Soul Blues o Lonely, con coros típicos pero siempre efectivos, Sick Boys y su maravilloso solo con wah-wah y la versión de David Bowie Suffragette City, más punkarra que la que hicieron hace años otros grandes perracos, los Diamond Dogs.
Como la actitud no debe estar únicamente sobre las tablas, están preparándose ellos solitos una gira por Alemania. Si tienen más suerte con el segundo LP pueden convertirse en algo grande, seguro que no están faltos de ensayos, su sonido es compacto y no tiene fisuras.
Algo da Ginger al público que siempre se embelesa, con sus tatuajes y su pelo enmarañado no parece diferente a muchos otros, pero provoca la locura sin pestañear. Siempre de subidón y muy bien acompañado. El guitarrista CJ es ya un clásico, muy concentrado en su labor y aportando algunos coros. El nuevo bajista, animador y animadísimo, parece no creerse todavía que forma parte de la banda y el rompeparches es el necesario para el sagrado ruido que generan.
A pesar de sus presentaciones y las continuas deferencias hacia los otros miembros de la familia (pipas incluidos), Ginger es siempre el centro de atención. Con esta tesitura, cualquier canción es buena, y en el menú de hoy están presentes todos sus grandes éxitos, un hecho muy positivo porque se ahorra algunos experimentos “raros” de los últimos tiempos, pero que peca de excesiva monotonía. Bendita repetición de esquemas cada cinco minutos, siempre con los desarrollos guitarreros tan característicos de estos salvajes (especialmente en Rooting For The Bad Guy) y con coreables estribillos.
Su mayor single I Wanna Go Where The People Go habrá originado cientos de bandas en todo el planeta (Backyard Babies, sin ir más lejos). Mientras sonaba The Revolution Will Be Televised todos pensamos en Joe Strummer, tanto por su música, que recuerda a I Fought The Law, como por el contenido de la letra. De su primer disco Earth VS The Wildhearts sonaron varias, todas cañonazos.
La fiesta se interrumpe. Atrapados por el influjo del rock & roll (eso creen ellos en su infinita ignorancia), algunas personas disfrutan más del concierto si se lo joden a otros, y consiguen demostrar al primer empujón que la restricción de edad no es criterio más justo para denegar el acceso a las salas.
Después de dos canciones con invitado especial vestido de cowboy, que viene muy bien para cantar la versión country White Lies, la noche termina abruptamente. Aunque según el papel pegado al suelo tendrían que volver para tocar unas cuantas más, Ginger y compañía desaparecen y no vuelven. El público no deja de gritar y no se lo cree. Realmente están muy sorprendidos de que no aparezcan más. Es la consecuencia de endiosar a alguien subido a un escenario.
Crónica realizada por: Pointer













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1 Comment
Just to correct the end of the article, no encore was planned. The writing on the set list below 29 x the Pain is a joke.
The band played a long set. Normally, the last three songs, inclusing the special guest appearance by Jason Ringenberg would have been the encore, but it seemed silly to break up the gig just for convention.