Si tuviese que elegir un grupo en toda la historia del Rock para dar saltos, cantar estribillos y soltar adrenalina en un concierto probablemente elegiría a Queen. No estoy hablando de la calidad de sus temas, ni de que me parezcan unos auténticos animales de escenario…no, elegiría a Queen porque esta gente no tiene canciones, tienen auténticos himnos perfectos para ser cantados al unísono por el estadio de turno. Así que con este ánimo me dirigí el día 25 al Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, con muchas ganas de cantar, de saltar y de pasarlo requetebién. Además, al no ser un gran aficionado de la música de Queen, señores seamos serios, tampoco son para tanto estos chavales, el mejor aliciente para mi era ver al señor Paul Rodgers, sin duda uno de los mejores cantantes de la historia, al frente de este experimento que sigue empeñado en llevar el nombre de Queen.

 

Bien, pues a las 10 y pocos minutos de la noche ahí estaban el señor Paul Rodgers, el señor Brian May y el señor Roger Taylor encima del escenario comenzando el concierto con “Hammer To Fall”, seguida de “Tie Your Mother Down”, y de “Fat Bottomed Girls” y luego de “Another One Bites the dust” y todos éramos felices porque habíamos ido allí a escuchar estas canciones…pero pronto se nos acabó la fiesta. El repertorio de clásicos se interrumpió y comenzaron las sosas y lineales canciones de su último disco, y como ya no había fiesta, los sentidos comenzaban a agudizarse, y uno empezaba a ver que la banda ,y sobre todo la voz de Rodgers, sonaba demasiado correcta, todo estaba demasiado en su sitio, todas las canciones eran demasiado lo mismo y uno comenzaba a preguntarse si una banda de pueblo le transmitiría más emociones que los mismísimos Queen.

 

En esto que Paul Rodgers desapareció del escenario, y en ese tiempo, lo que al principio parecía que iba a ser un bonito set acústico con canciones como “Love of my life” o “39” acabó por convertirse en unos infumables minutos de protagonismo de Roger Taylor, que decidió hacer un solo de percusión comenzando tocando un contrabajo eléctrico con las baquetas para luego ir haciendo solos con cada pieza de la batería que le iban montando según él tocaba. Nunca antes me había parecido un error tan grave el hecho de que una batería tenga tantas partes. A cada timbal o plato nuevo que sacaba el sueño comenzaba a hacer mella en el personal. Un bochorno absolutamente prescindible.

 

A partir de aquí el concierto entró en una dinámica de altibajos, el cuerpo necesitaba una buena dosis de éxitos del grupo encadenados pero no llegaban dos seguidos lo que acabó por destruir las últimas esperanzas de juerga rockera que podíamos tener. El último coletazo fue el placer de escuchar cantar a Rodgers su “Bad Company”.

 

Pero ya era demasiado tarde, otro momento interminable de protagonismo de Brian May y su guitarra llena de delay fue la gota que colmó el vaso. Es verdad que luego sonaron Bohemian Rhapsody, We Will Rock You o We Are The Champions, pero el aburrimiento ya se había apoderado de mi y más que disfrutar de la banda uno intentaba comprender cómo una banda que ha tenido ese directo tan sublime puede manchar un nombre como Queen con conciertos como el del día 25.

 

Para terminar dos cosas, 1: Te echamos de menos Freddy; y 2: sabia decisión de John Deacon (bajista de Queen) la de no unirse a este esperpento. Si esto es la reina, yo después de este concierto soy mucho más republicano.

 
 

Crónica realizada por ladyizabella