The Dubliners – Galileo Galilei, Madrid – 9/02/2009
Por pointer, el 11 - 02 - 2009Un irlandés afincado en Madrid nos da la clave: “Su sentido del humor es fantástico”. Y es que un éxito tan rotundo como el tuvo The Dubliners en Madrid no se explica sólo por la música.
En su primera visita a la ciudad en casi 50 años de historia el local se quedó pequeño, no cabía un alfiler en una sala Galileo con bastante gente sentada en los pasillos. Puede que la acumulación ayudara a conseguir la atmósfera de complicidad que enseguida se creó entre el público y los embajadores oficiosos de la música tradicional irlandesa.

La parte inicial del concierto es tranquila, y muchos de sus compatriotas presentes se hacen notar cantando Dublin in the rare old times. Pronto hacen gala de su buen humor presentando una canción en gaélico (“Si, tenemos nuestro propio idioma”) y llegan las primeras palmas durante la apropiada The Spanish Lady.

Son cinco músicos que van alternándose en el escenario y a la voz, cambiando también muchas veces de instrumento, entre los que vimos violín, mandolina, banjo o whistle. Hay un momento para el recuerdo de dos ex-Dubliners ya fallecidos, Luke Perry Drew tiene su canción Dublin minstrel boy y John Sheahan compuso un poema “no muy serio” para Ronnie Drew, Ronnie’s Heaven, cuyo final socarrón muestra la mayor preocupación que tenía “¿Dónde se ha metido Barney?”.

Barney McKenna es el único componente que queda de la primigenia formación de 1962 y para los irlandeses es un hombre muy querido y carismático, aunque alguna vez se haya quedado dormido (de pie) en un ascensor mientras el resto del grupo le buscaba. En vivo y en directo se comprende la leyenda de este hombre que apenas se levanta de la silla el momento justo para cantar sus canciones.
“Bernardo” se excusa por su inglés tan peculiar y nos anuncia una canción de cuna que le cantaba su abuela. I wish I had someone to love me, acompañada de violín y guitarra, se convierte en el momento más emotivo de la noche, respondida con una gran ovación.

Unas cuantas instrumentales se mezclan con I’m a man you don’t meet every day o Paddy works on the railway, que Patsy canta mientras dirige las palmas del público. El final se acerca y llegan las canciones que canta toda la sala al unísono, Finnegan’s Wake, Dirty Old Town, “Ahora una de Metallica”, dice Seán Cannon antes de Whiskey in the jar.
Tras un breve momento para recibir aplausos, llegan las últimas ocasiones para sincronizar palmas a las órdenes de Patsy Watchorn con Wild rover y Molly Malone. The Dubliners se van con ganas de volver y prometen volver. No es fácil explicar lo que se vive en uno de sus conciertos, es la sensación de estar apoyado en la barra mientras tocan unos amigos, como si estuviéramos en uno de los pubs que les vieron nacer.

Crónica realizada por: Pointer







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